Dos miradas sobre el engaño
No siempre alcanza un autor clásico
Eduardo Lamoglia toma dos obras cortas de Luigi Pirandello que en distintos registros se acercan al tema del engaño. "Cecé" y "La morsa", cada una en su momento, dan oportunidad al mismo elenco de pasar de la comedia al drama casi sin interrupción, ya que no hay intermedio entre el final de una obra y el comienzo de la otra. En ese ejercicio salen bien parados Alejandra Darín, que salta de la desconfiada Nadia a la aterrorizada Julia con mucho oficio (aunque llamativamente es a la única a la que le han marcado el tono italiano en la manera de hablar), y Alejandro Hodara, que también muta con convicción, pero no así Claudio Salama, que si bien se ve favorecido por su personaje canchero y juguetón en Cecé , nunca llega a dotar de verdad a su compungido Antonio en La morsa .
Ese juego de cambio de roles que propone la pieza se parece a un buen ejercicio de trabajo de un taller de investigación teatral, pero no llega a tener la impronta para transformarse en espectáculo. No es mala la idea pero las dos piezas de Pirandello, en esta propuesta, no llegan a crecer ni a tener peso dramático. Se quedan en una apuesta que suena no sólo un poco anacrónica sino también demasiado sencilla e inocente. Es cierto que la puesta es prolija y que se puede disfrutar del trabajo actoral de Alejandra Darín, que camina con comodidad el escenario en los registros que se le pide, pero eso no alcanza.
En La Nación
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